
Hace tiempo que quiere retirarse y siempre festejamos cada noche que no lo hace. "Espero darme cuenta cuando no pueda estar arriba del escenario, o que algún buen amigo me avise, para no pasar papelones - dice el Gran Leopoldo Federico. Y ya vuelve, y ya nos inventamos excusas para que esta síntesis moderna del bandoneón, esta leyenda, vuelva a matarnos con cada una de sus caricias, a veces sensuales, otras enérgicas, a ese bandoneón que hace vibrar las cuerdas más íntimas de todos y cada uno de nosotros, pobres mortales. Porque Federico ya es inmortal. Ya hizo la síntesis del instrumento y su música: el tango. Fue el Federico de Cobián, el alumno de Carlos Marcucci, el de Gobbi, el de Osmar Maderna, el de Di Sarli, el de Lucio Demare, el de Horacio Salgán, el del binomio con Atilio Stampone, el de Astor Piazzolla en su Octeto Buenos Aires, el mejor ladero y amigo de Julio Sosa, el del trio con Cabarcos y Osvaldo Berlingieri, el del cuarteto con Grela, el de la orquesta que está festejando (año mas o menos) su cincuenta aniversario por estas noches. Noches inolvidables, como todas las que he pasado con este monstruo arriba del escenario, en el Tasso, enfrente del Parque Lezama, allí está Federico acompañado por sus muchachos, como el los llama a los Ledesma, Agri, Cabarcos, Principe, Volotín, Gari y demás compinches, allí el ambiente es festivo y de cancha, de tribuna popular, de griterio, de nervios, de tensión. Nadie puede salir indemne de una noche con Federico. El dice que después de tratamientos médicos que se hace periodicamente por problemas con la carroceria se olvida que debe cuidarse y cuando sube y la orquesta toca se mata tocando porque no se aguanta esa energia que nace desde el mismo centro de su ser. Así son los artistas, se consumen en su llama y nos consumen en su sublimación de la vida. Así es Federico, nunca se guarda nada. A veces salgo en el aire, mudo, impávido, nos vamos con los gomías o las chicas a caminar un rato por las calles de San Telmo sin romper ese silencio que quedó después de semejante tormenta desatada por este chamán que tiene un acelerador de electrones en el corazón.